CONTRA EL SILENCIO

El 23 de enero de 1937, en la Batería del Barranco del Hierro de Santa Cruz de Tenerife, 19 civiles eran fusilados en cumplimiento de una sentencia dictada por un Tribunal Militar.

Caían bajo las balas de la represión franquista por su militancia sindical e ideológica, pues todos eran de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.).

Trabajadores cuyo único delito fue el creer y luchar por una sociedad más justa eran asesinados acusados de “adhesión a la rebelión” y “traición” por quienes, paradójicamente, se habían alzado en un principio contra el Gobierno de la II República española, en aquel momento ocupado por el Frente Popular, ampliando dicho objetivo al de la destrucción de la propia República.

La muerte de los “19 de la CNT” es uno de los episodios más recordados sobre la represión en Canarias, pero ello no significa que sea conocido por la mayoría del pueblo del que formaban parte los trabajadores llevados al paredón.

En la memoria colectiva canaria hay una laguna que abarca tres períodos de nuestros últimos cien años de Historia. Los años previos a la guerra civil, época de efervescencia reivindicativa y lucha sindical. Los propios de la contienda que en el Archipiélago, territorio alejado de los campos de batalla, se tradujeron en sangrientos actos de represión, reclusión y torturas. Y por último los primeros de la posguerra, con todo su bagaje de miseria, hambre, dolor y sufrimiento, acentuado en quienes todavía siguieron penando en las cárceles del franquismo y/o habían perdido para siempre a familiares, amistades, compañeros.

Este lapso temporal es al que un puñado de historiadores, y algunas organizaciones como la Asociación por la Memoria Histórica de Arucas o la propia CNT intentan dar contenido, contrarrestando con ello la voluntad política de seguir manteniendo en el silencio lo ocurrido en aras, según dicen, de mantener el espíritu de la “reconciliación nacional” que se logró durante la Transición. “Reconciliación” que desde luego no tuvo en cuenta a las miles de víctimas que aún hoy en Canarias no han tenido el más mínimo reconocimiento u homenaje oficial, y cuya memoria siguen mancillando nombres de calles y monumentos erigidos en exaltación de los inductores y perpetradores de actos infames como el fusilamiento de “los 19”.

Ellos y ellas, las víctimas de la represión, no necesitan una placa que ostente su nombre en una calle de alguna ciudad, villa o pueblo de nuestras islas. Ni un acto protocolario de las clases políticas. Ni tan siquiera una Ley sobre la Memoria Histórica (menos si es la que el PSOE ha elaborado), sino simplemente que la verdad prevalezca, que su historia sea sacada a la luz, divulgada en los Centros Educativos y en los de Trabajo, conocida por el pueblo canario de cuyo seno fueron arrancados violentamente, para que su recuerdo perdure y su voz rompa ya, de una vez por todas, el silencio.

JOSÉ LUIS REAL BALTAR. Secretario de Acción Sindical y Social de CNT Tenerife.

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