Mataron a uno de los nuestros

Extraido La Haine

x Sebastián Hacher – La Haine

Brad Will asesinado en Oaxaca :: Lo conocí en New York en el 2001, poco después del atentado las torres gemelas. Convivimos un mes junto a otras diez personas que dormíamos en la oficina de Indymedia en 29st.

Yo estaba de paso, pero ellos vivían ahí. Por las noches, Brad y sus amigos salían a buscar comida de la basura: en New York los negocios la tiran antes de la fecha de vencimiento, así que comíamos bastante bien. Se llamaban -medio en broma, medio en serio- el Garbage Liberation Front [Frente de Liberación de la Basura].

En esa época, Brad no hablaba castellano, y yo no hablaba inglés. Nos comunicábamos con gestos y medias palabras. Por las noches protagonizábamos simpáticas disputas para ver quién ganaba la mejor posición a la hora de dormir. Durante el día, intentábamos mantener conversaciones sobre la situación de su país y el mío.

No sabía la historia de su posterior conflicto con la policía: Pablo, de Brasil, contó que después de un desalojo los demandó por abuso, y que con el dinero que ganó se dedicó a viajar por Latinoamérica. No es extraño lo que hizo: Brad formaba patre de ese extenso grupo de los que decidimos contar el mundo para transformarlo. Y, aunque venía del norte, Brad trabajaba con la misma artesanalidad con la que muchos lo hacemos. Es un tipo de producción donde lo importante, lo central, es contar la historia con las herramientas que se tienen a mano, y ser parte de ella.

Cuando estuvo en la Argentina, lo ví una o dos veces, siempre en la calle. Fue a principios del 2002, una época en la que venía gente de todo el mundo a conocer los cacerolazos, y nuestras casas estaban llenas de extranjeros. Su imagen se perdía y aparecía en ese torbellino de acontecimientos: era uno más entre los cientos que salíamos a la calle con una cámara en la mano. Lo que recuerdo de Brad en esa época, es que él y su novia paraban en un departamento muy pequeño, y que para tener intimidad recurrían a los trucos más insólitos. Cuando llegó la noticia de su muerte, varios aquí se dieron cuenta de quién era cuando se contaban esas anécdotas.

Recién acabo de mirar por segunda vez el último video que filmó en Oaxaca, y que termina justo con su muerte. Las imágenes tienen una particularidad: la cámara parece invisible para las personas que están siendo filmadas. Brad está tan familiarizado con la barricada, que por momentos el espectador desearía que tome un poco distancia para poder apreciar la escena completa.

Pero Brad está ahí. Es parte de lo que filma, y se mueve al ritmo de los acontecimientos. Cuando la bala lo alcanza, varias manos lo levantan e intentan ayudarlo. El sigue cargando su cámara, hasta el último suspiro.

No me sale escribir un manifiesto o grandes palabras. Vuelvo a ver esas imágenes y caigo en la cuenta de la dimensión que tienen los acontecimientos: mataron a uno de los nuestros

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